viernes, 19 de febrero de 2010

ACOMPAÑAR EN EL DUELO: SIGNO DE LA PRESENCIA DE DIOS QUE ACOMPAÑA ENTRAÑABLEMENTE A SU PUEBLO




Aquí os ofrezco estas reflexiones y pautas para que acompañemos mejor en el duelo y para que la relación de acompañamiento de nuestros hermanos que se encuentren en una situación  de duelo, sea, en verdad, de ayuda. Así se mostrará de verdad el amor de Dios que quiere hacerse presente a través de nuestros desvelos por los que más están sufriendo a causa de la enfermedad o la pérdida de un ser querido.


¿ QUÉ ENTENDEMOS POR DUELO?

No lo entendemos en el sentido que solemos darle: acompañar a una familia cuando tienen al difunto de cuerpo presente.



DUELO es esa experiencia de dolor, lástima, aflicción o resentimiento que se manifiesta de diferentes maneras con ocasión de la pérdida de algo o alguien muy querido.

Hay pérdidas que dan tiempo de preparar el duelo y hay otras que se nos imponen repentinamente. Hay pérdidas que se viven sanamente y otras que nos enferman y nos hunden. Y, además, cada persona es distinta y vive de una manera diferente las mismas situaciones. No es lo mismo la pérdida después de una larga enfermedad, la de un accidente, la de un adulto o un niño, un suicidio etc. Cada una tiene connotaciones diferentes.



Hay una relación muy directa entre duelo y amor. Nos dolemos porque amamos. Cuando alguien a quien amo muere, podemos decir que SE-ME-MUERE. O lo que es lo mismo, en su muerte, yo me muero un poco. Podríamos decir que el

duelo es el precio que pagamos por el amor.



Cuando alguien va a morir o cuando alguien se me muere hay que hacer un PROCESO para "encajar sanamente el golpe" o para RE-SITUAR a la persona que ha muerto en mi vida de una manera sana en paz. Esto es lo que se llama PROCESO DEL DUELO. Es como un túnel que hay que atravesar porque sólo al otro lado está la luz y la paz. Es un

camino difícil y doloroso, pero un camino que hay que recorrer para que la herida sane. No existe el duelo sin dolor y no hay dolor que se desahogue sin lágrimas.





ETAPAS O FASES DEL DUELO (momentos diferentes en el paso del túnel)



1.-Etapa de negación ("esto no puede ser verdad " , "esto no me puede estar pasando a mí")



2.--Etapa de ira (me está pasando, no lo puedo negar, pero siento rabia por esto. Rabia contra Dios, contra la vida...)



3.-Etapa de culpa ("Si hubiera hecho tal cosa", "si no hubiera hecho dejado de... no hubiera sucedido")



4.-Etapa de negociación (Negociación con Dios o con la vida para que esto se resuelva, promesas a cambio de...)



5.--Etapa de desolación o depresión (hundimiento porque esto ha sucedido y no hay marcha atrás)



6. Etapa de aceptación (se asume la pérdida en paz).



De una manera o de otra, con unos matices u otros las personas que han tenido una pérdida tienen que pasar por todas las etapas del duelo.







PRINCIPIO FUNDAMENTAL:

La persona que vive su momento de duelo es una persona rota, herida, hundida. Lo que siente es desolación, angustia, sin sentido etc. Quien le quiere acompañar, tiene que "ACOMPAÑARLA EN EL SENTIMIENTO". Es la persona la que tiene que expresar sus sentimientos, sus dudas, sus miedos. sus rabias.



NUNCA, EN EL DOLOR POR LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO, ALCANZARÁ NINGÚN RAZONAMIENTO. NI NINGUNA FRASE.



Si este principio se asume con todas las consecuencias nos ayudará a ser buenos acompañantes y nos evitará muchos errores y esfuerzos inútiles en el deseo de ayudar.





ACTITUDES A DESAPRENDER



Cuando estamos con una persona rota en su corazón, intentamos siempre echar mano de los argumentos que siempre se han usado, de los razonamientos que habitualmente se dan y de las frases hechas, que nos parece valen para todo y para todos. Esto no sirve, no ayuda, porque la persona lo que tiene es sobre todo una herida en el corazón y necesita más compañía que razones que justifiquen el dolor y la muerte. Pregúntale: "¿En qué puedo ayudarte?"

.

Por eso hay que desaprender muchas cosas aprendidas en este terreno:

--No digas que lo comprendes, si no has pasado por una situación similar.

--No hagas lo que hacen los demás por costumbre.

--Ayuda sólo hasta que tu corazón te lo pida. Nunca hagas lo que no quieras hacer,

resultaría falso.

--No intentes buscar una justificación a la muerte.

--No te empeñes en animar o tranquilizar. Posiblemente lo que el otro necesita es que lo escuchen.

--No le quites importancia a lo sucedido hablándole de lo que todavía le queda.

--Evita las frases hechas:

+ "Tienes que olvidar..."

+ "Fue mejor así..."

+ "Dejó de sufrir..."

+ "El tiempo todo lo cura..."

+'Mantente fuerte por los niños... "

+ "Es la voluntad de Dios.. "

+ "Es ley de vida..."

+"Podría haber sido peor... ",

+ "Con Todo lo que tú has pasado, podrás también con esto... "

"Otros están peor... " etc. etc. etc., porque hay muchas más".



MIEDOS MÁS COMUNES ANTE LA MUERTE PREVISTA DE UN SER OUERIDO.



--A que su ser querido sufra.

--A que no reciba la atención adecuada en el momento preciso.

--A que el ser querido descubra su situación real y tener que hablar con él de su gravedad o de la muerte. (el enfermo lo sabe, la familia también, pero no hablan, engañan. En ese momento tan importante, habría que facilitar la comunicación hasta el extremo, aunque se sufra).

--A estar solo con él o a no estar en el momento de la muerte.



MIEDOS MÁS COMUNES DEL ENFERMO ANTE SU PROPIA MUERTE .



--Miedo a lo desconocido, a qué hay después.

--Miedo a la soledad y a la angustia.

--Miedo a la pérdida del cuerpo y todo lo que eso significa.

--Miedo al dolor y el sufrimiento.

--Miedo a dejar de ser él mismo o a no poder relacionarse con los que ama.

--Miedo a perder la autonomía, no poder comer, asearse...





AYUDA QUE HABRÍA QUE FACILITAR A LA FAMILIA DEL ENFERMO.



--Ayudarles a aliviar el sufrimiento del enfermo.

--Acompañarles en el proceso de duelo que están viviendo ante la enfermedad y la muerte.

--Acercarles al enfermo para que compartan sus sentimientos.

--Ayudarles a conservar la esperanza y ofrecerles apoyo espiritual y sacramental de su Iglesia.



AYUDA QUE HABRÍA QUE OFRECER AL ENFERMO ANTE SU MUERTE PREVISTA.



--Acompañar al enfermo en su propio proceso de duelo. Es muy difícil hacer este acompañamiento, pero sí habría que tener claro que siempre es mejor asumir la propia muerte, decir lo que hay que decir y compartir tantos sentimientos,

que morir sin darse cuenta. Eso sí, hay que reconocer que todos somos distintos, también en esto de llegar a encajar la propia muerte.



--Promover, por todos los medios, la autonomía y dignidad del enfermo. No hacerle nunca, para que no se esfuerce, lo que él puede hacer. Se sentirá inútil.



--Crear en tomo a él una atmósfera de respeto, confort y comunicación.

METAS A CONSEGUIR AL ACOMPAÑAR EN EL DUELO A ALGUIEN

--Aceptar la pérdida, o la inminencia de la misma, porque es real. Es incómodo y doloroso estar junto a quien elabora su duelo sabiendo que no se puede hacer nada por restituirle lo perdido.



--Tampoco se puede ignorar los sentimientos de dolor, confusión, vacío, soledad que hay en el corazón. Por eso, LA MEJOR AYUDA es facilitar la identificación de los sentimientos y FAVORECER SU EXPRESIÓN.



--Hay que autorizar la tristeza, la rabia... Tenemos derecho a hundirnos, y a que no se nos juzgue por ello.



--Lo nuestro es DAR APOYO incondicional y continuo.

--Sugerir ayuda profesional, cuando sea necesario. Hay gente que sabe ayudar.

--Lo nuestro, fundamentalmente, es ESCUCHAR, DEJAR DESAHOGARSE, ESCUCHAR.



LAS MEJORES HERRAMIENTAS PARA ACOMPAÑAR EN EL DUELO.



¿Por qué es tan difícil acompañar en el duelo? Sobre todo porque no sabemos qué decir (y no hay que decir nada, hay que acoger y escuchar), porque no sabemos qué hacer (no se puede restituir la pérdida que es lo que está produciendo el sufrimiento). También el duelo de los otros nos ponen ante nuestros propios duelos y ante nuestra propia muerte. También hay muerte en los supervivientes.



1.--LAS LÁGRIMAS : Es una reacción natural a la pérdida. Unos lloran abiertamente, otros sólo se lo permiten en la soledad. Llorar es saludable (por eso, hay que dejar llorar o invitar a hacerlo, aunque cueste estar en silencio junto al

que llora). Llorar relaja, desahoga al que llora y humaniza a quien es capaz de acoger el llanto de otro. Ser pañuelo para los otros es una gran ayuda. Y no te reprimas. Si lo sientes, llora con la persona.



2.--EL CONTACTO Y EL ABRAZO QUE CONSUELAN: El contacto físico tiene mucho poder. Tocarse puede ser comunicarse afecto íntimo, puede ser acoger la vida dolorida del otro que se me hace próxima. El que abraza acoge la vida del otro y entrega la suya, sale de sí y es recibido por el otro. Apretarse las manos, acariciar, es una experiencia que levanta el ánimo, reconstruye a la persona, sobre todo si en las manos está el corazón. Siente al otro si quiere ese contacto. Si no es así, acompaña en la cercanía y respeta los límites.



3.-LA ESCUCHA QUE SANA:

Insistimos que es una de las tareas fundamentales de quien quiere ayudar en estas circunstancias, porque el otro necesita sobre todo desahogar. Escuchar significa entregar el interés sincero por todo el mundo del otro. Cuando escuchamos corremos el riesgo de cargar con el peso del dolor ajeno y de descubrirnos débiles por no saber qué decir ni qué hacer. Pero tiene de ayuda que el otro nos descubrirá, como él, heridos y desarmados. Lo estamos acompañando en el sentimiento.



4.-EL VALOR CURATIVO DEL RECUERDO: El recuerdo es lo que queda de todo lo que fue y ya no es. El recuerdo puede cubrir el vacío generado por la pérdida. Invitar a olvidar, en la elaboración del duelo, no es lo más adecuado. Se ha de conseguir llegar a mantener vivos los recuerdos y vivirlos en paz y agradecimiento por tanto bueno. Si no se llegara a encajar los recuerdos así, podría ser necesaria la ayuda de un profesional.



5.-EL VALOR CURATIVO DE LOS RITOS Y DE LA FE : Los ritos pueden salir al paso de verdaderas necesidades. Si no están deshumanizados, contribuyen a vivir el paso, a adaptarse a la pérdida, a socializar sanamente lo que realmente es un acto social: la muerte de un ser querido. Los rito son el soporte de la comunidad a sus miembros más heridos. El toque de las campanas, el acompañamiento en la casa, la liturgia desde la fe son elementos que pueden realmente expresar el acompañamiento en los sentimientos y en el vacío que produce la pérdida.

La fe no es una anestesia para los momentos malos. También Jesús manifestó su humanidad en el terror vivido en Getsemaní. El sufrimiento y el miedo están ahí. La clave es poder compartirlos con el Padre y con los demás y aprender juntos a seguir creyendo y confiando.



CÓMO VIVIÓ JESUS SU PROPIO DUELO ANTE SU MUERTE .



Jesús no nos dio claves para vivir el duelo, pero, mirando a la Última Cena se ve un sano modo de vivir el duelo por la tragedia que se le viene encima:



*Recapitula su vida y su significado. Y se ve a sí mismo como aquél que ha amado. Por eso puede decir "ámaos como yo os he amado " . Este es su testamento.



*Encuentra sentido a su muerte inminente. Cuando coge el pan y lo parte y lo reparte nos está diciendo que El entrega la vida, que, si lo matan, es porque antes ha ofrecido la vida. Dice Jesús en el evangelio de San Juan: "Nadie me quita la vida, soy yo el que la da". Morir sabiendo que la muerte tiene sentido, que es un bien que hace a la humanidad, es una forma sublime de encontrar sentido al momento.



*Y hace una invitación a que lo recuerden así, dándose: "Haced esto en memoria mía".



PAUTAS PARA ACOMPAÑAR A LOS NIÑOS ENSU PROCESO DE DUELO



También los niños, a su manera, pero no de tina forma menos dramática, tienen que hacer el proceso de duelo, orque también a su alrededor sucede la muerte de familiares, amigos etc.



Las pautas a seguir pueden ser éstas:

--Explícale, en pocas palabras, por qué ha muerto

--A partir de los seis años, permítele, si lo desea, asistir al funeral.

--Pero dile previamente lo que se va a encontrar.

--Explícale que tiene derecho a sentir lo que siente.

--Explícale que la muerte es un suceso natural.

--Déjale bien claro que la persona muerta no siente como sentía antes.

--No le alejes del ambiente familiar, pues el ambiente donde se siente querido y seguro.

--Acompáñale mientras llora.

--Dedícale un rato cada día, para que tenga oportunidad de expresar lo que siente y rodearlo de afecto.

--Sugiérele la posibilidad de escribir una carta al difunto para despedirse.

--Anímale a que hable de la persona fallecida.

--Ayúdale a hacer una caja de recuerdos.

--Notifica la muerte al colegio, por si observan alguna reacción extraña.



EL NIÑO NECESITA UN ESPECIALISTA, CUANDO:



--Llora largos periodos de tiempo sin causa justificada.

--Tiene rabietas frecuentes y prolongadas.

--Hay cambios importantes en su rendimiento escolar.

--Se aleja de sus amigos o personas queridas.

-Tiene pesadillas y problemas para dormir.

--Se queja de dolores de cabeza

--Pierde el apetito.

--Evita hablar de la persona fallecida.



CARACTERÍSTICAS DEL DUELO PATOLÓGICO:



Nunca empieza el proceso del duelo. No saldrá a la luz, porque nunca entra en el camino.



Se detiene en alguna de las etapas.



Se atasca intentando evitar una etapa.